La Na­vi­dad es una épo­ca de re­en­cuen­tros al­re­de­dor de una mesa que, en oca­sio­nes, pue­de aca­bar en dis­cu­sio­nes de las que arre­pen­tir­se el día des­pués por es­tro­pear lo que de­be­ría ser un día de ale­gría y fe­li­ci­dad.

1. NI POLÍTICA, NI FÚTBOL, NI RELIGIÓN

Ha­blar de po­lí­ti­ca con al­guien con quien no tie­nes de­ma­sia­da con­fian­za y con quien es po­si­ble que no com­par­tas opi­nión siem­pre es un tan­to de­li­ca­do. Se­gu­ra­men­te den­tro de tu fa­mi­lia haya di­ver­sas pos­tu­ras, aña­di­do a la pre­sen­cia del tí­pi­co miem­bro que se cree que sabe más que tú.

La po­lí­ti­ca, el fút­bol o la re­li­gión sue­len ser los te­mas ‘arrui­na-ce­nas’ por ex­ce­len­cia y por eso es me­jor evi­tar­los. Pero da­dos los re­sul­ta­dos de las elec­cio­nes hace unos días o el pa­no­ra­ma que tie­ne por de­lan­te el Real Ma­drid, te va a re­sul­tar un poco di­fí­cil. Pro­cu­ra que es­tos te­mas sal­gan an­tes de que se aca­be el vino o el cham­pán, ya que el ex­ce­so de al­cohol no ayu­da mu­cho en es­tas si­tua­cio­nes.

Pue­des cam­biar de con­ver­sa­ción pre­gun­tan­do quién quie­re un poco más de vino o con­tes­tar a las tí­pi­cas fra­ses de tu cu­ña­do con fra­ses he­chas: “Aún no sa­be­mos qué va a pa­sar”, “es más bo­ni­to que haya opi­nio­nes di­fe­ren­tes”… Pero so­bre­to­do, in­ten­ta no per­der los ner­vios.

2. CALMA LOS ÁNIMOS

Es di­fí­cil no con­tes­tar a fra­ses como “Pa­blo Igle­sias es un bo­li­va­riano pe­rro-flau­ta que no se du­cha”, “yo vuel­vo a vo­tar al PP por­que no me fío del res­to” o “Ciu­da­da­nos son de Nue­vas Ge­ne­ra­cio­nes”. Pero si ves que las con­ver­sa­cio­nes es­tán su­bien­do de tono, es me­jor no opi­nar con el ob­je­ti­vo de no in­ci­tar esa si­tua­ción. Na­die quie­re que vue­len la cris­ta­le­ría fa­mi­liar o aca­bar el año lla­man­do al 112.

Apro­ve­cha esos mo­men­tos para cam­biar de pla­to o sa­car el tu­rrón nue­vo que ha­béis com­pra­do ex­clu­si­va­men­te para esa no­che. Pre­gun­ta por te­mas más irre­le­van­tes como dón­de han com­pra­do los mo­de­li­tos que lle­van pues­tos o qué tal les va en el tra­ba­jo.

3. NO TE PASES CON EL ALCOHOL

El ex­ce­so de al­cohol nun­ca es bueno, pero me­nos aún si es­tás en ple­na co­mi­da fa­mi­liar con pri­mos, tíos y de­más miem­bros que sue­len po­ner­te de los ner­vios. A ve­ces tien­des a dar­le al vino para que poco a poco te im­por­te me­nos lo que di­cen, pero no va a fun­cio­nar. En cuan­to sa­quen al­gún tema po­lé­mi­co de los men­cio­na­dos an­te­rior­men­te te sen­ta­rá mu­cho peor que si es­tu­vie­ses so­brio y co­men­za­rá una dis­cu­sión de la que se­gu­ra­men­te te arre­pien­tas al día si­guien­te.

4. SIEMPRE CON UNA SONRISA

Que no se te bo­rre la son­ri­sa. Re­cuer­da en todo mo­men­to que es Na­vi­dad y que es­tas fe­chas son para pa­sar bue­nos ra­tos con la fa­mi­lia, aun­que haya mo­men­tos en los que te en­tren ga­nas de hi­ber­nar has­ta el 7 de enero. Se­gu­ro que la ma­yor par­te de tu fa­mi­lia te­nía ga­nas de ver­te, así que sé agra­da­ble. No ten­gas cara de acel­ga toda la no­che por cier­tos co­men­ta­rios que no te gus­ten.

5. PLANIFICA BIEN LA CENA

No lo de­jes todo para el úl­ti­mo mo­men­to. Pla­ni­fi­ca las ho­ras, re­co­ge la casa y ten cla­ro lo que vais a co­mer y el vino que be­be­réis. En­té­ra­te de si a to­dos les gus­ta el menú, com­pra más de un tipo de tu­rrón o ma­za­pán y eli­ge bue­na mú­si­ca. Se­gu­ro que to­dos lo agra­de­ce­rán y un am­bien­te como ese sólo dará ga­nas de pa­sar­lo bien.

6. INTENTA VERTU CUÑADO (O QUIEN SEA TUCONTRINCANTE’) COMO UN ALIADO

Pien­sa que, aun­que te re­sul­te algo irri­ta­ble, se­gu­ra­men­te cu­ña­do sólo vaya de buen ro­llo a que­dar bien de­lan­te del res­to de la fa­mi­lia. Es la per­so­na que ha ele­gi­do tu her­ma­na y la quie­re, así que qué­da­te con esa idea. Dile lo bien que le que­da el tra­je o que te re­co­mien­de al­gu­na pe­lí­cu­la que haya vis­to úl­ti­ma­men­te y así crea­rás un poco más de com­pli­ci­dad en­tre vo­so­tros.

7. SI NO HAY MUCHA CONFIANZA, NO FUERCES LA SITUACIÓN

No te em­pe­ñes en que esa per­so­na con quien dis­cu­tes se con­vier­ta en tu me­jor ami­go y no des por he­cho una con­fian­za que no exis­te. Pue­des em­pe­zar por pre­gun­tar­le por te­mas que no sean es­pe­cial­men­te per­so­na­les, como qué hace en su tiem­po li­bre o sus gus­tos mu­si­ca­les. Así, se ge­ne­ra­rá un poco más de con­fian­za y él o ella se sen­ti­rán có­mo­dos a tu lado. No te verá como un com­pe­ti­dor.

8. NO RECUERDES DISCUSIONES DE OTROS AÑOS

Sé lis­to y evi­ta te­mas que por ex­pe­rien­cia sa­bes que no van a sa­lir bien. Si has dis­cu­ti­do ya otros años por cier­tas co­sas, huye de esas si­tua­cio­nes.

9. Y RECUERDA… ¡HAS VENIDOPASÁRTELO BIEN!

Aun­que a ve­ces de un poco de pe­re­za, es­tas fe­chas son para pa­sar­lo bien con la gen­te a la que quie­res. Na­die quie­re pa­sar las na­vi­da­des solo con su gato.…